Las “playas” de coapa, son el tope expresivo de una sociedad que, hace de la improvisación y de la autogestión, el sistema perfecto en una ciudad que después de la reja se vuelve hostil y ajena, y que cada vez mas se nos presenta como una provincia extraña y desconocida que, de vez en vez, nos hace suspirar por esos domingos soleados en los que se permite chelear en la calle, lavar tu coche con la puerta abierta, y sentir la brisa que, aunque no es marina, nos transporta a un lugar lejano, inmersos dentro de la brutal dinámica de nuestra extraña y ecléctica ciudad. La postal que nos ofrece, desde el vidrio panorámico del microbús entre Taxqueña y cafetales, exalta la irreverencia híbrida de la periferia urbana, desde la connurbación hasta las ciudades surgidas por la simple acumulación de lugares, con un toque naive. Aqui todavía, el amor es simplemente bailar, mi casa es tu casa y el sonidero, es el sonidero. Su carácter híbrido pretende ser, mitad autóctono, mitad importado. Algo así: Como Koolhass re-diseñando pizzas plaza, o Brian Eno homenajeando a Celso Piña.
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