Posmodern Samurai
Las noches las repartía entre sangre
y letras que aprendía una por una. Los muchos años de mirar caracteres sin
entender terminaron cuando deletreó por primera vez la palabra hagakure.
Era la primera palabra que repetía de un texto, no de un sonido.
Ese fue su primer y único libro.
Determinó leer un capítulo cada año, y sólo después de comprenderlo, se
tatuaría el símbolo que correspondía al capítulo leído. El primero fue Yuu, que
significa coraje. Se lo puso en el pecho.
Siete años después, en un pequeño
departamento, apenas mordisqueaba algo mientras leía el libro sucio y gastado
por el uso, con el revólver junto.
-Están aquí – se escuchó
una voz desde la puerta. Al abrirse la camisa para guardar el libro, miró de
reojo su primer tatuaje y sonrió. Volteó y me dijo que podía irme.
Sólo recuerdo la noche, la
intermitente luz roja de las patrullas y los balazos. En el periódico del día
siguiente, apareció en la primera plana muerto, con el pecho descubierto y un
tatuaje desfigurado por la metralla, apenas legible. Lo que alcancé a ver era
algo parecido al símbolo japonés del honor, Meiyo.

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