Erika
Creer que es ahora el momento de hablarme entre lágrimas, y de ir descalzos a su encuentro para que te diga lo que nos está reservado: El luto sórbido de la taza, o el luto sórbido de la palma de una mano, y la planta loca adormecerse al oír su respuesta.
Suenan chocando en la oscuridad las ventanas de la casa, confesándose también lo que saben, pero sin lograr comprender: Nos amamos, o no nos amamos.

0 Comments:
Post a Comment
<< Home