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Saturday, October 01, 2005

Carlabon

Estoy frente a un display luminoso en la calle. Entre el placer del ojo en el paraíso artificial, y el ascetismo forzado por mis dos horas de regreso, ocupas mi memoria con la naturalidad que se permite la nada . Durante este trance, justo en medio de la conciencia y el sueño, disfrazada de posibilidad, apareces; ocupando el lugar de tu ausencia, y desapareciendo con el cambio de luz del semáforo y el estruendo exterior de los otros. Veo el retrovisor, y observo el esbozo de una sonrisa sincera, antes de convertirse en una sarcástica.
Vuelvo al rito del regreso, para entrar en otro tipo de trance: uno en el que no se nos permite soñar.
Como un viajero indeseable entre un mundo y otro, te guardo celosamente donde nadie te vea. No se nos permiten los sueños aquí, aunque sean artificiales. Está prohibido.
En la puerta de acceso a la realidad, hay un enorme letrero que dice: -Todo lo que existe ,está aquí-, a manera de advertencia. Para volver, tengo que negarte. Como no pude, aprendí a afirmarte, y pasar como un loco. Aquí los que escriben a nadie, se ríen solos, o hablan del futuro, están locos. Para evitar el mundo aprendí el lenguaje del silencio, de modo que ahora nadie me entiende. Así que cuando preguntan, siempre les respondo lo mismo, esbozo una sonrisa sarcástica antes que puedan ver mi sonrisa sincera; y me dejan seguir mi camino.
Ahora sabes porque al final elegí tu ausencia: Porque ahora mi soledad solo entiende el silencio; y tu ausencia es callada.

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