Carlabon (Alter ego version)
| Dura poco la edad de los placeres. El resto de tu vida lo ocupa la vejez y en seguida viene la muerte. ¡Así que contra el planeta entero arroja tu furia! tormenta, rayos, lluvia, nieve, granizo, calor, tinieblas. Estremece la tierra cuanto quieras. Exponme a todos los peligros, pero déjame decirte algo: Sólo cederé si me matas. Pero si me conservas la existencia, no dejaré de amar a las mujeres. Porque mucho antes de que saque los pies del fuego, ya me incita otra hoguera; nunca dejo de amar, el deseo me trae más lágrimas y el dolor del amor renuevo. Sé que es vergonzoso: me sucedió una vez que me quedé sin fuerza para escapar porque la cruel muchacha, siempre me repetía cuando me acercaba -no te convengo- e inmediatamente se volvía aún más hermosa y más deseable. Yo sé que ella reniega siempre del que está en sus brazos. Por tanto la amo con más ardor que ninguna otra. Pero también sé que las muchachas altivas de cuerpo perfecto, que nos miran con gran desprecio, son fruto de la higuera de la más alta peña: se la comen los buitres y los cuervos. Tú, higuera de las peñas, tu hermosura alimenta los cuervos; a todos los quieres, tu, la más deseable, la que ofrece deleite y sufrimiento... Cada vez que estoy con ella, siento que toco el fondo del abismo y hecho a perder mi vida. Y se que de nada me sirve esta conciencia, si no me alejo pronto de ella: En el umbral de su puerta a contraluz, antes de que el alba me cubriera con su cálida caricia, como la de la madre al hijo que regresa, me sorprendió en la huida y me dijo con sarcasmo: Es vergonzoso que sigas tratando de huir cuando cada vez que lo haces, aquí, cualquier buen mozo calienta el lecho que abandonas. Sólo recuerdo vagamente haberle contestado, entre el estupor de su hallazgo y mi firme convicción de irme:No es una vergüenza. Es una desgracia. |

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