Crónica urbana #62342
Volví hacerlo. El efecto colateral de una charla obligada y extendida por una necesidad implacable de evitar la sosa rutina de la mirada de reojo en las fotos de la sala. En una suerte de improvisación al vuelo, sólo pude mantener penosos silencios forzados por la prudencia y rotos por un quemante derecho a réplica otorgado por mi mismo ante la siempre atractiva opción de provocar algo. Creo que es mejor que la sonrisa neutral capaz de responder cualquier cuestionamiento sin la desagradable necesidad de comprometerse. Sucedió de nuevo. Lágrimas en sus ojos y una duro ya vete, creo que has dicho demasiado.
Efectivamente, fué demasiado si evaluamos el hecho de que, era su hermana y no ella a quien fuí a ver. Ahora, ante la incertidumbre de mi situación en dicha casa, vacílo en definir mi postura, cuando tenga que replicar dicha escena. Freud dice que era necesario, Aristóteles que debí ser prudente. Creo que le haré caso a la galleta china que me dijo: Hoy es un buen día para reconciliarte con alguien. Lástima que fué hasta la cena, y no en el desayuno cuando tan buen augurio me fué revelado. Igual llego a un par de lugares.
