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Wednesday, November 09, 2005

Mi muerte

Cuando yo me fui, tú tenias mucho de haberte ido.
Y mucho paso para darte cuenta de que mi sonrisa, era mentira;
Mi silencio, un grito,
Mis palabras, solo sonidos.
Para cuando dejaste de reír, ya cansada de probar tus nuevos talentos, te percataste de que esa sombra que veías junto a ti, era mi sombra; y mientras asimilabas la posibilidad de que yo pudiera haberme ido, yo me arrojaba como un suicida hacia el único lugar donde no podrías encontrarme; el lugar del que tu venías y del que profusamente me habías hablado; el lugar a donde van todos los que no soportan la carga del mundo, los incrédulos, los pesimistas, los tristes, los que lloran sin razón. Un lugar oscuro, frío, tal como las crónicas lo describen. En el dejé de sentir dolor; pues no hay esperanza. Después de un rato en el fondo, e intentar a toda costa hundirme más a cambio del dulce letargo del silencio y la inconciencia, me di cuenta de que no podía morir. Míi incomoda e inoportuna esperanza de nuevo. No pude destruirme.
Al salir, llegue a un lugar, en donde todas las cosas parecían estar a la misma distancia, justo en el centro de ningún lado, en donde da igual ser una sombra, o la luz que guía. A partir de ese momento, todo me pareció más claro; el sol brillaba, los caminos eran visibles; pero yo aún, no sabía decidir.

4 Comments:

Blogger Horacio Heredia said...

Es como la muerte de “Arsenio” Cruz en versión Barthes... Vamos, que todo tiene remedio.

11:35 AM

 
Blogger Softroom said...

Jajajaja, no sé como tomar lo de barthes, pero de todos modos gracias por la visita.
Y sí, definitivamente tuvo remedio:
La indolencia.

10:45 PM

 
Blogger Israel G. Delgado said...

Oye Cuock, vamos a tomarnos un café.

12:07 PM

 
Blogger Softroom said...

Ya estás, puede ser el domingo que entra si te parece.
Un abrazs

12:33 PM

 

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