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Monday, December 26, 2005

Bailar con la más fea (Crónica playera)

Al emprender la danza con la mujer más fea un mundo de posibilidades se abre de inmediato, muchos más amplio que con una mujer hermosa. La bonita ve al bailarín como el primero de una larga lista a la medida de su ego, mientras que el esperpento en turno recibe al acompañante como la posibilidad de escapar de su mundo bizarro. Sí, la mujer fea siempre estará más dispuesta a correr el riesgo, sobretodo con una autoestima catapultada al límite luego de ser preferida a un decoroso ramillete. Por eso Héctor "da Shoota" la mayoría de las veces que emprende su viaje termina en la cama con la cenicienta que se atrevió a acceder a su mágico mundo.
- De eso, a hacerme una en mi cuarto, mejor la fea - argumentaba cuando nos reseñaba sus conquistas, aunque fuesen unas tipas pertenecientes al mundo de los arácnidos cuyas monstruosidades hubiésemos podido corroborar la noche anterior. Sin embargo tenía razón: no era infrecuente la ocasión que nos fuésemos derrotados a otro bar o simplemente a un table dance a continuar como voyeurs, mientras el inefable Héctor se quedaba en el punto de partida, sentado en un rincón con la medusa del momento, dialogando sobre el futuro de la universidad pública.
El otro argumento no era digno de despreciarse: la fea es más atrevida en la cama. Arriesga más y con tanto entusiasmo que se vuelve sospechosa. Una princesa en la cama solo es una muñeca pasiva mientras que las feas toman iniciativas feroces a la hora de llegar a las artes marciales.
-¿Y qué te pasó ahora, Shoot? Te noto diferente - le pregunté mientras se instalaba.
-Anoche descubrí algo que antes para mi fue una abstracción: Dios existe. Ocurrió un milagro.
Su cara, historiada por la parranda, no dejaba dudas de que el acontecimiento había sido glorioso. La satisfacción parecía transpirarle. No dudé en la siguiente pregunta.
-Déjame adivinar: ya no bailaste con la más fea.
Héctor sonrió en un conato de erupto, pero en realidad no fue así.
-Nada de eso. Ayer entré a un sitio y bailé con la mujer más fea que encontré. La más fea de todas y con ella pienso casarme. En eso quedamos.
Atónito, le pedí explicaciones:
-Todo comenzó cuando cobré mi quincena. Como era media tarde, muchos sitios ofrecían hora feliz, por lo que entré al fancy, un lugarcito nuevo con mesas de billar. La luz del sol me deslumbró y al entrar me caí, asustando a un grupo de muchachas que bebían en la barra. Algo gracioso dije y la verdad estuve a punto de irme, lleno de vergüenza, cuando una de ellas vio mis cigarros en la bolsa de la camisa y me los pidió. No podía verle la cara por la oscuridad del sitio y lo atontado del golpe, pero escuché bien cuando le dijo su compañera:
-Recuerda que no debes fumar: el cigarro retiene los líquidos.
"Era un grupo de modelos que habían venido a posar para una revista. Habían tenido una larga sesión en la playa y era su tarde libre, por lo que se refugiaron en el bar a tomar un vodka con piña colada. Ahí me enteré que el vodka es la bebida que menos engorda. De verás me divertí viendo al cantinero sirviendo tragos con canderel. Con el gancho de los cigarros fue fácil platicar y uno de ellas me preguntó si era turista. Les dije que no, que venía de Tapachula, pero nunca les aclaré que vivo en Acapulco desde la prepa. Lógicamente les pareció exótico mi origen y les hablé de las tribus tzotziles, el sembrado del mango ataulfo de mi jefe, las ruinas de rosario Izapa y todo mi vida de cazador de pijíjes.
"Todas eran unos cueros, pero la única feíta - y digo feíta nada más porque usaba lentes de intelectual, por lo demás era perfecta -se interesó en mi y me preguntó qué onda, qué ella había estudiado antropología y se dedicó al modelaje en su tiempo libre, hasta que le fue mejor como cover girl, por lo que hablamos de los indígenas paisanos. Y sí, saqué a bailar a ella, a la más fea de un grupo de bellezas.
La charla siguió, ya ves que la música romántica permite seguir el diálogo. Me pidió más detalles de la selva y la vida dura del campo. Le conté de las ceremonias en que comemos tortuga con hueva y se caza mientras la luna es menguante. Y sí la impresioné. En otra circunstancia no me hubiera animado a lanzármele, pero era la más fea en un lugar lleno de diosas, por lo que la práctica hizo el resto. Seguí con mi biografía y me contó que como modelo ha viajado a sitios como Barbados, Surinam, Camerún y toda geografía con una rica gama étnica, esa fue la palabra que utilizó. Yo le hablé de la danza del venado, la aclamación de la lluvia y mil y un mamadas que se me ocurrieron. A las seis de la tarde, luego de varias piñas coladas y cuando las historias de mi tata se estaban terminando, la convencí de ir al mar para entonar el himno del sol que se muere, ella y yo solos, a la manera de mis antepasados "Tzotziles".
"Nos fuimos a la playa y no fue difícil cantar juntos varias tonadas mientras brincábamos en la arena. Tenía unas piernotas y al final me costó trabajo seguirle el paso. Me pidió una traducción y le dije que el cántico era una despedida al astro rey, pidiendo que volviera al día siguiente a dar vida y fecundar la tierra... de ahí se me ocurrió decirle que también se usaba ese cantar a la hora de hacer el amor, por lo que no fue dificil entrar en detalle de inmediato.
Héctor guardó un silencio drámatico:
-Qué extrañas son las mujeres hoy en día. Cuando me despedí por la mañana me dijo que volviera, porque desea tener un hijo con sangres fuertes, no mezcladas, para educarlo en un mundo puro. Pidió el desayuno a la habitación y me enteró de todo. Piensa embarazarse y dejar su profesión. Ha ahorrado mucho y quiere volver a la antropología, irse a vivir al Amazonas y dar luz al hijo, allá donde la naturaleza y el hombre son una sola. Viviría en un centro de las Naciones Unidas o de Greenpeace, no me acuerdo cual, pero le daría miedo estar sola, a pesar de que cuentan con seguridad en ese sitio. De inmediato le informé que soy experto en lanzamiento de flecha y conozco muchas hierbas mágicas, así como a todos los animales de monte con los que me comunico en el lenguaje de la tierra. Dice que es un campamento cerca de Manaos, Brasil, y que es impresionante ver a los delfines chapoteando en las montañas mientras los monos chillan con su escándalo en los árboles y los cocodrilos se asolean entre las mariposas. A ese afluente del Amazonas le llaman el rio dorado porque son tantas las hojas cayendo a la corriente que le dan el color de una infusión de té... Creo que me voy a ir pasado mañana, nomás recojo mis papeles en la casa de mi mamá.
- Pero antes de eso - añadió poniéndose de pie de improviso - voy a ir al baño otra vez. Juro que nunca volveré a tomarme tantas piñas coladas. Ojalá exista allá una buena cerveza porque no pienso pasármela con pura agua del Amazonas. Lo único que les sobra allá es el agua. Y con una mujer como está el fin de mundo será lo más parecido al paraíso. Solo me hará falta la cerveza. Y si llegó a encontrármela, me la voy a beber la primera a tu salud y a la de todas las tipas con las que tuve que bailar. No hay nada mejor en la vida que bailar siempre, con la más fea.

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