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Saturday, March 11, 2006

Copacabana

Vine caminando por la calle de los cetos. Olí.
Los cetos tienen una voz penetrante.
Me seducen y yo los abandono.
Camino, humilde peatón de la capa de estrellas.
Religioso de la noche. Tan devoto soy
que me pongo a recoger los charcos huérfanos
que dejó abandonados la lluvia tras su llanto histérico.
Dentro del vendaval de carros y gente, hay faros,
luz humeante y caliente, luz de carne frita.
En algún faro me detengo
pido seis con todo
me siento
y comprendo que estoy a salvo.

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